La Carta de Mi Yo

Vivo solo. Nadie tiene las llaves de mi casa. Por eso, cuando vi el papel en la mesa de mi cocina, mi corazón se paró.

Era un martes normal. Me desperté temprano, me lavé la cara y tomé mi café. Todo estaba bien hasta que vi el papel en la mesa. No estaba allí antes. Estaba seguro de eso.

El papel tenía mi nombre. Lo abrí con las manos nerviosas. Era mi forma de escribir, mis palabras, mi letra. Pero yo no escribí esto.

Decía: «No vayas a trabajar mañana porque vas a morir. Esto es verdad. Soy tú, del futuro».

Me senté en la silla porque mis piernas no podían más. Mi corazón estaba muy rápido. Leí el mensaje cinco veces, pero no podía creerlo.

Era imposible. Los mensajes del futuro no existen. Pero la letra era mía. Cien por ciento.

Llamé a mi amigo Carlos mientras caminaba por la casa. Carlos trabaja en la misma oficina que yo y siempre me ayuda cuando tengo problemas.

—Carlos, algo muy malo pasó —dije cuando él contestó el teléfono.

—¿Qué pasa? —preguntó él.

—Recibí un mensaje que dice que voy a morir mañana en el trabajo.

Carlos se rió. —¿Es verdad?

—Sí. Es mi letra y dice que es de mi yo del futuro.

—Eso es imposible. Las cartas del futuro no existen. Estás mal de la cabeza.

—Lo sé, pero tengo mucho miedo, Carlos.

—Ven a trabajar mañana y todo va a estar bien. Te espero allí.

Esa noche no pude dormir. Me quedé en la cama pensando en el mensaje. ¿Y si era verdad? ¿Y si mañana era mi último día?

Cuando llegó la mañana, tomé una decisión: no iba a ir a trabajar. Tenía demasiado miedo.

Llamé a mi jefe y le dije que estaba enfermo. —Está bien —dijo él—. Quédate en casa y descansa.

Me quedé en mi habitación y miré la televisión mientras comía. Las horas pasaban muy lento. Esperaba que algo pasara.

A las tres de la tarde, mi teléfono sonó. Vi que era el número de la oficina. —¿Hola? —contesté.

—¿Eres tú? —Era la voz de mi jefa. Estaba llorando.

—Sí, soy yo. ¿Qué pasa?

—Es Carlos. Hubo un problema muy grande. Algo cayó del techo en la oficina. Carlos estaba en tu sitio porque tú no estabas. Carlos está… Carlos está muerto.

El teléfono cayó de mi mano. Me quedé sin palabras. Carlos. Mi amigo Carlos. Muerto en mi lugar.

Carlos fue a trabajar porque yo no fui. Carlos se sentó en mi silla porque yo no estaba. Carlos murió en el problema que era para mí.

Corrí a la cocina mientras lloraba. Busqué el papel y lo leí otra vez: «No vayas a trabajar mañana porque vas a morir».

El mensaje me salvó. Pero no salvó a Carlos.

Entonces vi algo que no vi antes. Había más palabras en el papel. Muy pequeñas. Al final del mensaje.

«Lo siento por Carlos, pero tú tienes que vivir. En cinco años, vas a hacer algo muy importante que va a ayudar a millones de personas. Carlos tenía que morir para que tú puedas vivir. Lo siento mucho».

Mis manos tenían mucho miedo mientras leía esas palabras. Mi yo del futuro sabía que Carlos iba a morir. Pero no me dijo nada.

Yo maté a mi mejor amigo. No. Mi yo del futuro mató a mi mejor amigo. Pero somos la misma persona.

Me senté en el suelo y lloré por horas. Carlos era una persona que yo quería mucho. Una persona que murió por mí.

El mensaje decía que iba a ayudar a millones de personas. Pero Carlos era una persona también. ¿Vale la pena ayudar a millones si tengo que perder a mi amigo?

Guardé el papel en una caja y nunca lo miré otra vez.

Pero cada día pienso en Carlos. Y cada día me pregunto: si pudiera volver al pasado, ¿escribiría el mismo mensaje?

La respuesta me da miedo. Porque creo que sí.

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