Wanderer
Every flashcard pack and every book.
- Sample stories + live demos
- All vocabulary + grammar flashcards
- All A1–B2 books
- Conversation flashcards (soon)
- Learning games
- AI companion chat
Me levanto. Son las seis de la mañana. Es lunes.
Lo sé porque ya he vivido este día mil veces. Siempre es lunes. Siempre es el mismo lunes.
Mi hija tiene ocho años. Ella está en su habitación, durmiendo. En seis horas más, a las seis de la tarde, ella va a morir.
No puedo ayudarla. He hecho todo.
La primera vez, no sabía nada. Era un día como todos. Mi hija y yo comimos juntos por la mañana. Ella comió pan con mantequilla y bebió leche. Hablamos de su escuela, de sus amigos, de cosas pequeñas.
A las seis de la tarde, ella salió a la calle. Un coche la golpeó. Murió en mis brazos.
Me levanté a las seis de la mañana. Era lunes otra vez.
La segunda vez, no dejé que mi hija saliera de casa. Cerré todas las puertas. Cerré todas las ventanas. Pero a las seis de la tarde, ella bajó las escaleras demasiado rápido. Cayó. Se golpeó la cabeza.
Murió en mis brazos.
Me levanté a las seis de la mañana. Era lunes otra vez.
He hecho cien cosas. He llevado a mi hija al hospital. Murió. He llevado a mi hija a la montaña. Murió. He llevado a mi hija al mar. Murió.
Siempre a las seis de la tarde. Siempre en mis brazos.
Hoy es el día número mil. Ya no tengo nada.
Me levanto de la cama mientras el sol entra por la ventana. Camino hacia la habitación de mi hija. Abro la puerta. Ella está durmiendo. Su pelo negro está sobre la cama. Parece tan pequeña cuando duerme.
Me siento en su cama. Ella se despierta y abre los ojos.
—Buenos días, padre —dice con alegría.
Cada vez que escucho su voz, mi corazón duele un poco más.
—Buenos días, mi amor —respondo.
—¿Qué vamos a hacer hoy? —pregunta mi hija.
He respondido esta pregunta mil veces. He dicho mil cosas diferentes. Nada cambia el final.
—Hoy vamos a estar juntos —digo—. Todo el día.
Comemos juntos por la mañana. Mi hija come su pan con mantequilla. Yo no puedo comer. Solo la miro.
—¿Estás triste, padre? —pregunta ella.
—No —digo—. Estoy feliz porque estoy con mi hija.
Las horas pasan demasiado rápido. Cada hora es un tiempo que no quiero perder porque sé lo que viene después.
A las tres de la tarde, jugamos en el jardín. Mi hija corre y está alegre. Su alegría es la música más bonita del mundo.
A las cinco de la tarde, vemos una película juntos mientras ella pone su cabeza en mi brazo. Puedo sentir su corazón.
A las cinco y cuarenta minutos, el miedo me llena.
—Hija —digo—. Quiero que sepas algo.
—¿Qué, padre?
—Te quiero más que a nada en el mundo. Más que a mi propia vida.
—Yo también te quiero, padre.
A las seis menos cinco, la tomo con fuerza entre mis brazos.
—Padre, me duele —dice ella con una pequeña voz.
—Lo siento —digo en voz baja. Pero no la dejo ir.
A las seis de la tarde, miro la hora. El momento se acerca.
Y entonces… nada pasa.
Son las seis y un poco más. Mi hija sigue viva. Sigue en mis brazos.
No entiendo. Durante mil días, ella siempre moría a esta hora. ¿Qué es nuevo hoy?
Miro a mi hija. Ella me mira a mí.
—Padre —dice ella—. ¿Por qué tienes agua en los ojos?
—Porque… no puedo terminar.
Son las seis y cinco. Mi hija sigue viva.
—Padre —dice ella otra vez—. He tenido un sueño muy especial.
—¿Qué sueño?
—En el sueño, yo moría. Una y otra vez. Y tú siempre estabas ahí, queriendo ayudarme.
Siento frío en todo el cuerpo.
—¿Cuántas veces? —pregunto.
—Muchas veces —dice ella—. Pero en el sueño de esta noche, algo cambió.
—¿Qué cambió?
—Tú dejaste de querer ayudarme —dice mi hija—. Y empezaste a simplemente estar con tu hija.
La miro. Su cara está tan tranquila.
—Padre —dice mi hija—. El día no se repetía porque yo tenía que morir. Se repetía porque tú no podías dejar a tu hija ir.
No puedo hablar.
—¿Cómo sabes eso? —pregunto.
Mi hija me mira con ojos tranquilos. Es la misma cara de siempre. Pero sus ojos son viejos. Saben cosas.
—Porque yo también he vivido este día mil veces —dice ella—. Esperando el día en que tú pudieras ver la verdad.
Miro la hora. Son las seis y diez.
Por primera vez en mil días, el tiempo sigue su camino.
Y por primera vez, entiendo que no necesito ayudar a mi hija.
Solo necesito estar con ella mientras puedo.
Porque el tiempo que tenemos juntos es todo lo que hay.
Choose a category
Every flashcard pack and every book.
Everything — plus the games and the AI companion.