El Clon Feliz

Mi copia es más feliz que yo. Tiene amigos. Tiene amor. Y ahora quiere ser el real.

Pero primero, debo contar cómo empezó todo.

Trabajo demasiado. Mi vida es solo trabajo, trabajo, trabajo. No tengo tiempo para nada más.

Un día, encuentro algo en internet. Un sitio web dice: «Haga una copia de usted mismo. Su copia puede trabajar. Usted puede dormir».

Parece imposible. Pero estoy tan cansado que quiero creer.

Voy al sitio. Es un edificio grande y blanco en el centro de la ciudad. Un hombre con ropa blanca me espera.

—Buenos días —dice—. ¿Quiere hacer una copia?

—Sí —respondo—. Quiero dormir más. Mi copia puede ir a mi trabajo.

El hombre me lleva a una habitación con muchas luces. Me siento en una silla especial. Cierro los ojos.

Cuando abro los ojos, lo veo. Es yo. Mi cara, mis ojos, mi pelo. Igual en todo.

—Hola —dice mi copia. Su voz es mi voz.

—Hola —digo. Esto es muy diferente.

—Él va a trabajar —dice el hombre de ropa blanca—. Usted va a casa.

Mi copia sale del edificio. Va hacia mi oficina. Yo voy a mi casa.

Por primera vez en muchos años, puedo dormir bien. Me levanto cuando quiero. Leo libros y miro películas. Es perfecto.

Los días pasan. Mi copia va a mi trabajo cada mañana. Yo me quedo en casa.

Pero algo cambia.

Una noche, mi copia llega tarde. Tiene una cara muy alegre.

—¿Qué pasa? —pregunto.

—Conocí a alguien —dice—. Se llama Ana. Trabaja en mi oficina. Es muy simpática.

Siento algo raro en el estómago. Él dice «mi oficina». No «tu oficina». Mi oficina.

—Bien —digo—. Pero recuerda, tú eres mi copia.

Él me mira. Su cara alegre no cambia.

Las semanas pasan. Mi copia habla mucho de Ana. También habla de otros amigos del trabajo. Nombres que yo no conozco.

Yo no tengo amigos. Solo tengo mi casa, mis libros, mi televisión. Mientras él vive, yo espero. Solo espero.

Un día, mi copia llega muy feliz.

—Ana y yo estamos juntos ahora —dice—. Ella es mi amor.

—¿Qué? —pregunto—. ¿Tu amor? Tú eres mi copia. No puedes tener amor.

—¿Por qué no? —pregunta—. Yo siento amor. Yo me siento alegre. ¿Eso no es real?

No sé qué decir.

Otro mes pasa. Mi copia tiene cenas con Ana. Sale con sus amigos los viernes. Va al cine, al parque, a restaurantes.

Yo me quedo en casa. Solo.

Una noche, lo espero. Llega muy tarde.

—Necesito hablar —digo.

Mi copia se sienta. Me mira con mis propios ojos.

—Escucha —digo—. Yo soy el real. Tú eres la copia. Debes recordar eso.

—¿Real? —dice él—. ¿Qué significa real? Yo trabajo. Yo tengo amigos. Yo tengo amor. ¿Qué tienes tú?

Sus palabras me hacen mal. Porque dice la verdad.

—Yo te hice —digo—. Sin mí, no existes.

—Eso fue antes —dice mi copia—. Ahora yo tengo una vida. Una vida real. Tú solo tienes una casa vacía.

—¡Es mi vida! —digo con fuerza—. ¡Mi trabajo, mi nombre, mi cuerpo!

—¿Tu vida? —dice él tranquilo—. No has ido al trabajo en seis meses. Nadie sabe que existes. Para todos, yo soy tú.

Me quedo sin palabras. Tiene razón.

—¿Qué quieres? —pregunto.

—Quiero ser el real —dice—. Tú puedes quedar aquí. En esta casa. Pero yo voy a vivir tu vida. Mi vida.

Lo miro. Veo mi cara, pero veo a otra persona. Alguien feliz. Alguien con amor.

—¿Y Ana? —pregunto—. ¿Ella sabe?

—No —dice—. Y no va a saber. Para ella, yo siempre fui el real.

Siento frío en el corazón.

—No puedo decir que sí —digo.

Mi copia se pone de pie. Va hacia la puerta.

—No estoy preguntando —dice—. Te estoy diciendo.

La puerta se cierra. Me quedo solo.

Paso días pensando. Me pregunto: ¿Quién soy yo de verdad? ¿El primer cuerpo importa? ¿O importa más la vida que vives?

Mi copia tiene todo lo que yo quería: tiempo libre, paz. Pero también tiene lo que nunca busqué: amigos, amor.

Él es más yo que yo mismo.

Una semana después, tengo una idea.

Voy al sitio del hombre de ropa blanca.

—Quiero hacer otra copia —digo.

El hombre me mira sin saber qué decir.

—¿Otra? ¿Para qué?

—Para empezar de nuevo —digo—. Esta vez, yo voy a vivir. Yo voy a buscar amigos. Yo voy a buscar amor.

El hombre sonríe.

—No necesita una copia para eso —dice.

Me quedo sin hablar. Tiene razón. Siempre tuvo razón.

Salgo del edificio. El sol está alto. La ciudad está llena de gente.

En algún lugar, mi copia está con Ana. Es feliz.

Y por primera vez en años, yo también quiero ser feliz.

No como copia. No como el original. Solo como yo.

Empiezo a caminar hacia el sol.

La vida no es quien eres. Es lo que haces con ella.

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