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Durante tres años, Elena nunca le dijo una palabra. Y ahora él estaba muerto.
Cada mañana, a las ocho, ella se sentaba en el mismo banco del parque. Tenía muchos años y vivía sola desde la muerte de su padre. El parque era su única vida.
A las ocho y diez, él llegaba con un periódico bajo el brazo. Compraba el periódico en la tienda cerca del parque y caminaba hacia el banco. Siempre se sentaba en el otro lado, lejos de ella.
Elena lo miraba de lado mientras él leía. Tenía el pelo blanco y los ojos tristes. Leía su periódico sin hablar durante una hora. Nunca hablaban. Ni una palabra en tres años.
Ella quería hablar con él. Quería saber su nombre. Quería saber si también estaba solo. Pero tenía miedo. ¿Qué pensaba él de una mujer vieja? Tal vez él no quería compañía.
Los días pasaban con las semanas y los meses. Cada mañana, lo mismo: él llegaba, se sentaba, leía. Ella lo miraba, pensaba, pero no hablaba.
Un día de lluvia, él no vino. Elena esperó bajo la lluvia durante dos horas. El banco estaba vacío y sintió frío en el corazón.
Al día siguiente, había sol. Elena llegó temprano. A las ocho y diez, nada. A las nueve, nada. El banco seguía vacío.
Pasó una semana. Elena iba cada día al parque. Se sentaba en su lugar mientras miraba hacia la tienda. Esperaba ver su cuerpo, su periódico, su pelo blanco. Pero él nunca llegaba.
Ella empezó a sentirse preocupada. No sabía nada de él. ¿Estaba enfermo? ¿Estaba en el hospital? ¿Había muerto? No sabía ni su nombre, ni dónde vivía, ni si tenía familia. Tres años juntos en el banco y no se conocían.
Una mañana, Elena encontró algo en el banco, en el lado de él. Era un periódico viejo, de hace una semana. La fecha era del último día que lo vio. Sus manos empezaron a temblar.
Con las manos sin fuerza, Elena abrió el periódico. Dentro había una nota con palabras pequeñas.
«Me llamo Antonio. Durante tres años, usted ha sido la mejor parte de mi mañana. Siempre quise hablar con usted, pero tenía miedo. Pensaba: ella es tan bonita y tan tranquila. ¿Por qué quiere hablar con un viejo como yo?
Ahora estoy enfermo. Los médicos dicen que no tengo mucho tiempo. Antes de irme, necesito decir la verdad.
Cada mañana, cuando la veía llegar al parque, mi corazón se sentía joven otra vez. Verla me daba paz. Usted nunca lo supo, pero fue mi amiga durante tres años.
Gracias por estar en ese banco. Gracias por estar.
Con amor,
Antonio».
Elena no podía hablar mientras el agua caía de sus ojos sobre el papel. Él también había sentido algo. Él también había querido hablar. Pero los dos habían tenido miedo. Ahora era demasiado tarde.
Elena cerró los ojos y recordó cada mañana. Cada vez que lo miraba de lado. Cada vez que casi dijo «hola» pero no lo hizo. Tres años sin hablar. Tres años que ya no vuelven.
Pero entonces pensó en las palabras de Antonio: «Usted fue mi amiga». Sin hablar, habían estado juntos. Él había sido feliz solo porque ella estaba allí. Y ella también. El amor no siempre necesita palabras.
Elena cerró la nota y la guardó cerca de su corazón. Luego miró el banco vacío donde él se sentaba.
—Gracias a ti también, Antonio —dijo en voz baja—. Gracias por cada mañana.
Desde ese día, Elena siguió yendo al parque. Se sentaba en el mismo banco, pero ahora en el medio. Usaba el espacio de los dos. Cada mañana, antes de salir, dejaba una flor en el lugar de Antonio.
El banco ya no estaba vacío. El amor de Antonio vivía allí: en el sol de la mañana, en el viento entre los árboles, en el corazón de una mujer que al fin sabía que nunca había estado sola.
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