Wanderer
Every flashcard pack and every book.
- Sample stories + live demos
- All vocabulary + grammar flashcards
- All A1–B2 books
- Conversation flashcards (soon)
- Learning games
- AI companion chat
Mi madre se está muriendo y no sé qué decirle.
La habitación del hospital está en silencio. Solo se escucha el sonido de las máquinas. Miro a mi madre en la cama. Su pelo blanco sobre la almohada. Sus ojos cerrados. Su respiración lenta.
Han pasado tres semanas. Los doctores dicen que no hay más tiempo. No quiero creerlo.
Mi madre abre los ojos. Son del mismo color verde que los míos.
—Hija —dice con voz débil—. Estás aquí.
—Siempre estoy aquí, mamá.
Tomo su mano. Está fría. Recuerdo cuando era niña y esa mano era fuerte y caliente. Cuando me protegía del mundo.
—Tengo miedo —dice en voz muy baja.
Algo se rompe dentro de mí. Mi madre nunca ha dicho esas palabras. Es la mujer más fuerte que conozco. Y ahora, en esta cama de hospital, parece pequeña. Débil.
—No tengas miedo, mamá. Estoy contigo.
Pero no sé qué más decir. Las palabras no son suficientes. El silencio llena la habitación como agua oscura.
Entonces, sin pensar, empiezo a cantar.
Es una canción que no recuerdo haber aprendido. Las palabras vienen solas, como un río que encuentra su camino al mar. Una canción simple y triste. Sobre la luna que cuida a los niños dormidos. Sobre estrellas que son los ojos de personas que amamos y ya no están.
Mi madre abre los ojos. Hay algo diferente en su mirada. Algo que nunca he visto antes.
—Para —dice—. Para, por favor.
Dejo de cantar. Mi corazón late rápido.
—¿Qué pasa, mamá? ¿Estás bien?
No responde. Lágrimas caen por su cara. Pero no parece triste. Parece… feliz. Como si hubiera visto algo imposible.
—¿Dónde aprendiste esa canción? —pregunta.
Pienso. Busco en mi memoria. Pero no encuentro nada.
—No sé. Creo que… siempre la supe.
—Carmen —mi madre me mira—. Esa canción. Tu padre me la cantó la noche que nos conocimos.
El tiempo se detiene. No puedo respirar.
—¿Qué?
—Fue en una fiesta de verano. Julio. Hacía calor. Yo tenía veinte años. No conocía a nadie. Estaba sola en un jardín, mirando las estrellas.
Mi madre sonríe. Por un momento, no parece una mujer enferma. Parece una chica de veinte años.
—Entonces él llegó. Tu padre. Con sus ojos oscuros y su sonrisa tímida. Se sentó a mi lado y empezó a cantar. Esa canción. Dijo que su abuela se la había enseñado.
Siento lágrimas en mis ojos.
—Pero mamá… papá murió cuando yo tenía seis meses. Nunca lo conocí. ¿Cómo puedo saber su canción?
Mi madre toma mi mano con fuerza.
—No lo sé, hija. Pero él está contigo. Siempre estuvo contigo.
Lloro. Lloro por el padre que nunca conocí. Por los años de preguntas sin respuestas. Por las fotos que muestran un hombre con mi misma sonrisa. Por todas las veces que pregunté: —¿Cómo era papá?
Y ahora, en este momento, siento que por fin lo conozco.
—Cántala otra vez —pide mi madre—. Por favor.
Canto. Las palabras vienen más fácilmente ahora. Siento que no estoy sola. Que alguien canta conmigo. Que mi padre está aquí, en cada nota, en cada palabra.
Mi madre cierra los ojos y sonríe. Una sonrisa de paz. De amor. De recuerdos.
—Te amó —dice—. Te amó desde el momento en que supo que existías. Cantaba esa canción a mi estómago todas las noches.
Veo a mi madre dormirse con esa sonrisa. Y sé que cuando llegue el final, no estará sola.
Porque mi padre ya está esperándola.
Continúo cantando hasta que la luz de la mañana entra por la ventana.
Nunca conocí a mi padre. Pero él me dejó su canción. Y ahora entiendo: el amor que nunca muere siempre encuentra su camino a casa.
Choose a category
Every flashcard pack and every book.
Everything — plus the games and the AI companion.