Wanderer
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Tengo dos llaves en mi mano. Pero solo tengo una llave de mi apartamento. Siempre una. Nunca dos. Hasta hoy.
Hoy empieza como un día igual a todos. Me levanto temprano, me lavo y me visto. Tomo mi café y pongo mis cosas en mi bolsa. Vivo sola en un apartamento pequeño. Me gusta mi vida aquí porque es tranquila.
Antes de salir, busco mi llave. La pongo en mi bolsa cada noche. Abro la bolsa y miro dentro.
Hay dos llaves.
Me paro. No entiendo.
Miro las llaves en mi mano. Son iguales. La misma forma. Las dos tienen el número de mi piso: cuatrocientos tres.
Siento algo frío en el estómago. ¿De dónde viene la segunda llave?
Pienso en las últimas horas. Ayer llegué a casa después del trabajo. Entré, cerré la puerta, comí sola. Vi la televisión mientras comía. Me dormí en el sofá. Luego me levanté y fui a la cama.
Nada especial. Nadie vino a mi casa. No vi a nadie.
Entonces, ¿cómo hay dos llaves ahora?
Miro mi puerta. Tiene una cerradura. Solo una. Como siempre.
Quiero hablar con Adrian Hernandez porque él es el jefe del edificio. Vive en el primer piso. Él sabe todo sobre este lugar.
Bajo las escaleras rápido. Mi corazón va muy rápido porque tengo miedo. Llego a su puerta y llamo.
—Buenos días —dice Adrian Hernandez cuando abre—. ¿Qué pasa? Parece preocupada.
—Tengo una pregunta —digo—. ¿Mi apartamento tiene una llave o dos?
Él me mira con cara rara.
—¿Cómo? Su apartamento solo tiene una cerradura. Una cerradura, una llave. ¿Por qué pregunta?
Le doy las dos llaves.
—Encontré estas en mi bolsa esta mañana. Las dos son de mi piso. Pero solo tengo una llave.
Adrian Hernandez toma las llaves. Las mira de cerca mientras piensa. Su cara cambia.
—Esto es muy raro —dice él—. Las dos son del piso cuatrocientos tres. Pero yo solo le di una llave cuando usted llegó hace seis meses.
—Lo sé —respondo—. Por eso estoy aquí.
—¿Alguien entró en su casa? —pregunta él.
—No lo sé. Vivo sola. La puerta siempre está cerrada cuando salgo y cuando entro.
Él piensa un momento.
—Vamos a subir —dice—. Quiero ver su puerta.
Subimos juntos las escaleras. Cuatro pisos. Mis piernas tienen miedo mientras camino. Algo está mal. Lo siento.
Llegamos al piso cuatro. Mi puerta está al final del camino.
Me paro.
No puedo respirar.
—Adrian Hernandez —digo con voz baja—. Mire la puerta.
Él mira. Sus ojos se abren grandes.
Mi puerta tiene dos cerraduras ahora.
Dos cerraduras. Una alta. Una baja. Antes solo había una.
—Esto no puede ser —dice Adrian Hernandez—. Yo no puse otra cerradura. Nadie puede hacer esto sin mi permiso.
—Pero está ahí —digo—. Dos cerraduras. Y tengo dos llaves.
Él camina hacia la puerta. Pone la mano en la cerradura porque no puede creer lo que ve. Es real.
—¿Quién hizo esto? —pregunta—. ¿Cuándo?
No tengo respuesta.
Tomo las dos llaves. Me acerco a la puerta. Mi mano tiene miedo.
Pongo la primera llave en la cerradura alta. Se abre. Bien.
Pongo la segunda llave en la cerradura baja. También se abre.
La puerta se abre.
Mi apartamento está igual. Todo en su lugar. La mesa. Las sillas. El sofá donde me dormí ayer. Todo como siempre.
Pero algo no es igual.
Hay algo en el aire. Algo diferente. Como cuando otra persona está en un lugar.
—¿Siente eso? —pregunto a Adrian Hernandez.
Él entra y mira alrededor mientras camina.
—Sí —dice él—. Siento algo. No sé qué es.
Miro alrededor. Mi corazón va muy rápido.
Entonces lo veo.
En la mesa de la cocina hay una nota. Un papel pequeño. No estaba ahí esta mañana cuando me levanté.
Camino hacia la mesa. Mis manos tienen miedo cuando tomo el papel.
Leo las palabras:
«Ahora tenemos la misma llave. Nos vemos pronto».
La nota cae de mis manos.
Adrian Hernandez la toma y lee. Su cara se pone blanca.
—Tiene que llamar a la policía —dice él—. Ahora.
Pero yo no puedo caminar. No puedo hablar. Solo miro las dos cerraduras de mi puerta.
Alguien entró mientras yo dormía. Alguien puso otra cerradura. Alguien dejó una llave en mi bolsa.
Y ahora esa persona puede entrar cuando quiera.
Miro mi apartamento. Ya no es mi casa. Es una caja con dos cerraduras.
Y alguien más tiene la llave.
Esa noche no me duermo. Me siento en la cama y miro la puerta. Las dos cerraduras. Espero toda la noche.
Porque sé que alguien va a venir.
Y esa persona tiene la llave.
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