Los Diez Libros

—Tu padre no murió en un accidente.

Las palabras de la mujer vieja me hicieron parar. Ella trabajaba en la biblioteca del pueblo desde antes de que yo naciera. Nunca hablamos antes. Pero esa noche de martes, me llamó a su casa.

Cuando llegué, ella estaba en su cama. Su cara estaba blanca y sus ojos parecían muy cansados. Me miró y sonrió un poco.

—Tú eres la hija de Samuel Molina —dijo—. Lo conocí muy bien.

Mi padre murió hace veinte años. Todos dijeron que fue un accidente. Su coche cayó al río una noche de lluvia. Yo tenía solo cinco años.

La mujer me dio un papel. En el papel había una lista de diez libros.

—Lee estos libros en orden —dijo ella—. Y vas a saber quién lo mató.

—¿Lo mataron? —pregunté con miedo—. Todos dicen que fue un accidente.

—Todos mienten —respondió—. Tu padre sabía algo peligroso. Por eso murió.

Ella cerró los ojos. Esa noche, la mujer de la biblioteca también murió.

El primer libro de la lista se llamaba «Historia de Nuestro Pueblo». Lo encontré en la biblioteca. En la página cien, había una foto vieja. Mi padre estaba en la foto, junto a cinco hombres. Uno de ellos era el jefe del pueblo, el señor Marcos.

El segundo libro hablaba de la economía local. Encontré notas escritas entre las páginas. Las notas decían: «El dinero viene del norte. Nadie pregunta de dónde».

El tercer libro era sobre la iglesia del pueblo. Había una parte sobre el dinero que daban las familias. Una familia daba mucho cada año. El nombre era conocido: era la familia del señor Marcos.

Cada noche leía más. Y cada noche, mi miedo crecía.

Con cada libro, yo entendía más. Mi padre escribía para el periódico del pueblo. Él buscaba algo grande. Algo sobre dinero y poder.

El séptimo libro tenía algo dentro. Entre las páginas, encontré una carta de mi padre. La escribió días antes de morir.

Mis manos empezaron a temblar cuando leí las primeras palabras.

«Si estás leyendo esto, ya sabes la verdad», decía la carta. «El señor Marcos no es quien parece. Su familia tiene su dinero por cosas malas. Yo tenía las pruebas. Las puse en el último libro de esta lista».

Solo me quedaban tres libros. Tres libros para saber toda la verdad.

El octavo libro hablaba de accidentes de coche en el pueblo. Había una lista. El coche de mi padre no era el único. Otras personas que escribían para periódicos también murieron en «accidentes». Todos buscaban lo mismo.

El noveno libro parecía normal. Pero en la última página, había un mensaje escrito a mano: «El número diez está en la caja de la biblioteca. Para abrirla, usa el día en que naciste».

Fui a la biblioteca de noche. Mi corazón iba muy rápido. Encontré la caja detrás de un cuadro viejo. Puse el día de mi nacimiento. La caja se abrió.

Dentro había un libro pequeño. Y junto al libro, había fotos, papeles importantes y algo para escuchar voces.

Las fotos mostraban al señor Marcos con hombres peligrosos. Los papeles eran pruebas de todo. Y las voces eran de una reunión secreta.

—El hombre del periódico sabe demasiado —decía una voz—. Necesitamos que parezca un accidente.

La otra voz respondió: —Yo me ocupo. Mañana por la noche, cuando llueva.

Yo conocía esa voz. Era la voz del señor Marcos.

Ahora tengo las pruebas en mis manos. Mi padre no murió en un accidente. Lo mató el hombre más importante del pueblo. Y yo puedo probarlo.

Mañana, todo el mundo va a saber la verdad. Los diez libros me dieron las respuestas. La mujer de la biblioteca guardó este secreto durante veinte años, esperando a la persona correcta.

Solo yo tenía una razón para buscar la verdad. Solo yo quería justicia para mi padre.

Él murió buscando la verdad. Yo no voy a morir igual.

Esta vez, el señor Marcos va a pagar. Esta vez, mi padre va a tener justicia.

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