El Cuarto Cuatro No Tiene Puerta

Los hoteles guardan secretos. Este hotel guardaba el peor de todos.

Llegué a las diez de la noche. Estaba cansado después de un viaje muy largo. El hotel era viejo, pero parecía tranquilo.

Un hombre mayor estaba detrás de la mesa. Tenía el pelo blanco y ojos muy serios.

—Buenas noches —dijo—. ¿Necesita una habitación?

—Sí, por favor —respondí—. Una habitación para una noche.

El hombre abrió un libro grande y miró dentro. Luego levantó la cabeza.

—Tenemos la habitación cinco. Está en el segundo piso, entre la tres y la seis.

Pensé en sus palabras. Entre la tres y la seis. Algo no estaba bien.

—¿Y la habitación cuatro? —pregunté.

El hombre me miró. Sus ojos cambiaron. Por un momento, vi miedo en su cara.

—No hay habitación cuatro —dijo—. Nunca hubo una habitación cuatro en este hotel.

—Pero usted dijo entre la tres y la seis —respondí—. ¿Qué hay después de la tres?

—La cinco —dijo el hombre—. Solo la cinco. No hay nada más.

Tomé la llave y subí las escaleras. Vi las puertas: uno, dos, tres. Después, la cinco. Y luego, la seis.

Me paré entre la tres y la cinco. Había una pared blanca. Solo una pared, sin puerta, sin ventana. Pero el espacio entre las dos puertas era muy grande. Demasiado grande para solo una pared.

Entré en mi habitación. La cinco era pequeña pero limpia. Tenía una cama, una silla y una mesa vieja. La ventana daba a la calle.

Me acosté, pero no podía dormir. Pensaba en la pared. En el espacio entre las habitaciones tres y cinco. ¿Qué había allí?

A las dos de la mañana, escuché algo.

Era una voz. Una mujer que cantaba.

La música venía de la pared. De ese espacio imposible entre las habitaciones.

Me levanté de la cama. Mi corazón iba muy rápido. Puse mi oreja contra la pared.

La voz era clara ahora. Una mujer joven cantaba una canción triste. Las palabras eran en español, pero muy viejas. No entendía todo, pero escuché: «Espero… siempre espero… detrás de la puerta…».

¿Qué puerta? No había puerta.

Golpeé la pared con mi mano.

—¿Hola? —llamé—. ¿Hay alguien ahí?

La canción paró. Todo quedó en silencio.

Luego, tres golpes. Uno. Dos. Tres. Desde dentro de la pared.

No dormí esa noche. Cuando llegó la luz del día, bajé las escaleras. El hombre viejo estaba en la mesa, como antes.

—Necesito saber —dije—. ¿Qué hay detrás de esa pared?

El hombre cerró los ojos. Se veía muy cansado.

—Siéntese —dijo—. Le voy a contar la historia.

Me senté frente a él. El hombre empezó a hablar.

—Hace muchos años, este hotel tenía seis habitaciones. La cuatro era la más bonita. Una mujer joven vivía allí. Se llamaba Elena. Ella esperaba a su amor, un hombre que fue a la guerra.

—¿Y qué pasó? —pregunté.

—Él nunca volvió —dijo el hombre—. Elena esperó y esperó. Cada noche, cantaba junto a la ventana. Un día, dejó de cantar. La encontramos en su cama. Había muerto porque su corazón no podía esperar más.

El hombre miró hacia las escaleras.

—Después de eso, cosas malas empezaron a pasar. Las personas de la habitación cuatro escuchaban a una mujer que lloraba por la noche. Veían a alguien en el espejo. Algunos salían corriendo y nunca volvían.

—¿Y qué hicieron? —pregunté.

—Mi padre cerró la puerta. Puso una pared sobre ella. Ahora, la habitación cuatro no existe.

—Pero ella sigue ahí —dije—. La escuché esta noche.

El hombre dijo que sí con la cabeza. Sus ojos estaban llenos de tristeza.

—Elena todavía espera —dijo—. Después de cien años, todavía espera a que él vuelva. Cada noche, canta su canción. Y cada noche, pregunta: «¿Eres tú? ¿Has vuelto?».

Sentí frío en todo mi cuerpo.

—Los tres golpes que escuché… —empecé.

—Ella pensó que eras él —dijo el hombre—. Ella quería que abrieras la puerta.

—Pero no hay puerta —dije.

El hombre me miró. Su cara estaba muy triste.

—Para ella, siempre hay una puerta. Una puerta que nadie puede ver. Una puerta que solo se abre para el amor que nunca llegó.

Pagué por la noche y salí del hotel. En la calle, miré hacia arriba. Vi las ventanas: una, dos, tres, cinco, seis.

Pero entre la tres y la cinco, había algo más. Una cortina blanca se movía detrás del vidrio. Por un segundo, vi la cara de una mujer joven. Bonita. Triste. Esperando.

Nuestros ojos se encontraron.

Ella sonrió. Y levantó la mano, diciendo adiós.

Luego, no había nada. Solo una pared vacía donde una vez hubo una puerta.

Y una mujer que todavía espera, cantando sola en la oscuridad, en una habitación que ya no existe.

The Library

Choose a category

Learn Spanish

Reader

Reader

The Membership

Nómada Digital

Everything — plus the games and the AI companion.

$19.00per month
  • Sample stories + live demos
  • All vocabulary + grammar flashcards
  • All A1–B2 books
  • Conversation flashcards (soon)
  • Learning games
  • AI companion chat