La Casa Que Come

La casa come cosas.

Al principio, nadie lo nota. Un día, las cosas pequeñas de papá no están. Otro día, las fotos de la familia no están en la mesa. Los calcetines de mi hermana se pierden del armario.

—Está bien —dice mamá—. Las cosas se pierden.

Pero la casa tiene hambre. Mucha hambre.

Después vienen cosas más grandes. El sofá del salón no está una mañana. La televisión se pierde por la noche. La nevera está vacía, pero no porque comemos mucho. La nevera no está.

—¿Dónde está la nevera? —pregunta mi hermana.

—¿Qué nevera? —responde papá.

Nadie recuerda la nevera. Pero yo sí recuerdo.

Entonces el perro se pierde. Se llama Café. Es grande, con pelo negro. Le gusta dormir en mi cama. Una noche, Café duerme a mi lado. Por la mañana, no está.

—¿Dónde está Café? —pregunto.

Mi familia me mira con ojos vacíos.

—¿Quién es Café? —dice mamá.

—Nuestro perro —digo yo—. El perro grande y negro.

—Nosotros no tenemos perro —dice papá—. Nunca tuvimos un perro.

Pero yo recuerdo a Café. Recuerdo su pelo bonito. Recuerdo cuando jugaba con nosotros en el jardín. La casa come a Café, pero no puede comer lo que yo recuerdo.

Después viene la abuela.

La abuela vivía con nosotros. Dormía en la habitación pequeña al lado del baño. Le gustaba cocinar sopa y leer libros viejos. Tenía el pelo blanco y siempre era muy feliz.

Una mañana, la habitación de la abuela está vacía. No hay cama. No hay ropa. No hay libros. Solo hay una parte blanca de la casa donde antes había una puerta.

—¿Dónde está la abuela? —pregunto.

—¿Qué abuela? —dice mi hermana.

—Nuestra abuela. La madre de papá.

Papá me mira. Sus ojos están fríos.

—Mi madre murió hace muchos años —dice papá—. Antes de que tú nacieras.

Pero la abuela no murió hace muchos años. La abuela cocinó sopa ayer. Le dije buenas noches antes de dormir. Ahora la casa la come, y nadie la recuerda.

¿Por qué yo sí recuerdo?

Tengo miedo. Mucho miedo.

Las semanas pasan. La casa tiene más hambre cada día. Come la mesa de la cocina. Come las sillas. Come los árboles del jardín. Come el coche de papá. Nadie recuerda estas cosas. Solo yo.

Entonces papá se pierde.

Un día, papá está en la cocina. Bebe café y lee un libro. Le digo «buenos días» y él está feliz. Por la tarde, no está. Su ropa no está en el armario. Sus fotos no están en la casa. Su nombre no está en la boca de nadie.

—¿Dónde está papá? —pregunto a mamá.

Mamá me mira con ojos tristes.

—Tu padre nos dejó hace mucho tiempo —dice mamá—. Antes de que tú nacieras. No quería una familia.

No es verdad. Papá desayunó con nosotros esta mañana. Papá me llevó a la escuela ayer. La casa lo come todo. Come a papá. Come todo lo que la gente recuerda de papá.

Ahora somos tres. Mamá, mi hermana, y yo.

Pero la casa todavía tiene hambre.

Mi hermana se pierde un jueves por la noche. Dormíamos en la misma habitación. Hablábamos antes de dormirnos. Me dijo que se sentía sola. Le dije que todo iba a estar bien.

Por la mañana, su cama no está. Sus cosas no están. Su ropa no está. Y la casa parece más grande. Como si comió algo importante.

—Mamá —digo yo—. ¿Dónde está mi hermana?

Mamá me mira. No hay nada en sus ojos.

—Tú no tienes hermana —dice mamá—. Eres hijo único.

Quiero llorar. Mi hermana era mi mejor amiga. Ahora no existe. Estoy muy triste toda la mañana. Mamá no sabe por qué.

Ahora somos dos.

Pero la casa tiene hambre.

Por la noche, escucho algo en la casa. Es como si la casa respirara. Es como si la casa viviera. Pienso en el perro, en la abuela, en papá, en mi hermana. ¿Dónde están ahora? ¿Dentro de la casa?

Una mañana, me despierto y estoy solo.

Mamá no está.

Voy a su habitación. No hay cama. No hay ropa. No hay nada. Solo hay un lugar vacío.

¿Tengo una mamá? Trato de recordar su cara, pero es difícil. ¿Su pelo es negro o blanco? ¿Sus ojos son verdes o negros? No recuerdo.

La casa me come lo que recuerdo de mamá.

Ahora estoy solo.

La casa está vacía. La casa parece más pequeña. La casa parece más cerca. La casa me mira. La casa espera.

Tengo hambre, dice la casa.

Todavía tengo hambre.

Y yo soy lo único que queda.

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