El Gato Muerto

Mi gato murió hace un año. Pero cada noche, lo veo sentado en mi cama. Mirándome dormir.

Se llamaba Sombra. Era pequeño y negro, con ojos verdes como el bosque. Lo quería mucho. Cuando murió, lloré tres días.

Pero Sombra no se fue.

La primera noche después de su muerte, desperté a las tres de la mañana. Algo era diferente en mi habitación. Miré hacia los pies de mi cama y lo vi. Sombra estaba sentado allí, mirándome con sus ojos verdes.

No me moví. No pude respirar. Sombra estaba muerto. Yo lo sabía. Pero allí estaba él, mirándome como siempre hacía cuando vivía.

Cerré los ojos con fuerza. Cuando los abrí, Sombra ya no estaba.

Pensé que era un sueño. Una pesadilla. Nada más.

Pero la siguiente noche, Sombra volvió. Y la noche después de esa. Y todas las noches desde entonces.

Siempre es igual. Me despierto a las tres de la mañana. Sombra está sentado en mi cama, mirándome. Sus ojos verdes brillan en la oscuridad como dos pequeñas lunas en el cielo negro. No hace ningún sonido. Solo me mira. Y yo lo miro a él.

A veces intento hablarle. —Sombra —le digo—. ¿Qué quieres de mí? Pero él nunca responde. Solo me mira con esos ojos que ya no tienen vida.

Al principio, tenía mucho miedo. Pero después de muchas noches, empecé a sentir algo diferente. Era mi gato. Mi Sombra. Quizás solo quería estar conmigo otra vez.

Empecé a esperar sus visitas. Me sentía menos solo. Era como si él me dijera que todo estaba bien. Que la muerte no era el final.

Pero anoche, todo cambió.

Me desperté a las tres, como siempre. Busqué a Sombra con los ojos. Estaba allí, sentado en mi cama. Pero algo era diferente. Muy diferente.

Sombra no estaba solo.

Detrás de él, en la oscuridad de mi habitación, había algo más. Una forma negra más grande que Sombra. Más grande que un perro. Más grande que cualquier cosa que había visto en mi vida.

No pude ver qué era. Solo vi su forma en la oscuridad. Y sus ojos.

Tenía ojos rojos. Dos puntos de luz roja, mirándome desde detrás de mi gato muerto.

Sombra seguía sentado, tranquilo, mirándome como siempre. Pero ahora entendía algo terrible. Sombra no venía a visitarme porque me quería.

Sombra venía a mostrarle el camino a algo más.

Cada noche, durante un año, mi gato muerto había estado preparando mi habitación. Preparándola para este momento. Para esta cosa. Para esta forma con ojos rojos que ahora sabía dónde dormía yo.

La forma se movió. Dio un paso hacia delante. Pude oír el sonido de sus pies en el piso de madera. Un sonido lento. Pesado. Hambriento.

Quise gritar, pero no pude. Quise correr, pero mis piernas no se movían. Solo pude mirar mientras la forma se acercaba más y más a mi cama.

Sombra saltó al piso y caminó hacia la puerta. Se detuvo y me miró una última vez. En sus ojos verdes vi algo que nunca había visto antes.

Vi hambre.

Entonces Sombra desapareció por la puerta abierta. Y la forma llegó a mi cama.

Esa noche aprendí la verdad. Los muertos no vuelven porque nos quieren. Los muertos vuelven porque tienen hambre. Y cuando encuentran lo que buscan, traen a otros.

Ahora estoy escribiendo esto en mi teléfono. Son las cuatro de la mañana. La forma está sentada donde Sombra se sentaba antes. Me mira con sus ojos rojos. No se mueve. Todavía no.

Y detrás de ella, en la oscuridad, veo más ojos. Muchos más. Rojos. Amarillos. Verdes. Todos mirándome. Todos esperando.

Sombra me encontró. La forma me encontró. Y ahora, ellos también me han encontrado.

No sé qué pasará cuando dejen de mirar y empiecen a moverse.

Pero creo que lo sabré pronto.

Espera.

Sombra acaba de entrar otra vez.

Y trae algo nuevo.

The Library

Choose a category

Learn Spanish

Reader

Reader

The Membership

Nómada Digital

Everything — plus the games and the AI companion.

$19.00per month
  • Sample stories + live demos
  • All vocabulary + grammar flashcards
  • All A1–B2 books
  • Conversation flashcards (soon)
  • Learning games
  • AI companion chat