La Tienda que No Existe

El viejo sabía que iba a morir pronto. Lo sentía cada mañana en sus huesos. Pero no tenía miedo de la muerte. Tenía miedo de morir solo.

Tenía muchos años y vivía solo. Su mujer había muerto hace tres años. Sus hijos vivían en otros países y nunca llamaban. El tiempo pasaba muy rápido, y él no podía hacer nada para pararlo.

Una noche de lluvia, el viejo caminaba por una calle que conocía bien. Pero esa noche, algo era diferente. Entre dos edificios viejos, había una tienda. Una tienda que nunca había visto antes.

La tienda tenía una puerta negra. En la ventana había una luz amarilla. Unas palabras decían: «Aquí vas a encontrar lo que necesitas».

El viejo se paró. Su corazón iba muy rápido. Él sabía que esa tienda no estaba allí ayer. Pero también sabía lo que quería. Tiempo. Más tiempo con su familia.

Abrió la puerta y entró.

Dentro, la tienda era más grande de lo que parecía desde fuera. Había mesas llenas de cosas: relojes sin números, espejos que mostraban otros lugares, libros sin palabras.

Al lado de una mesa grande estaba un hombre. Era alto y delgado, con pelo blanco y ojos muy negros. Su cara no tenía edad. Podía tener cien años o mil.

—Buenas noches —dijo el hombre—. Sé por qué estás aquí.

El viejo sintió frío. —¿Cómo lo sabe?

—Sé muchas cosas —respondió el hombre—. Sé que tu mujer se llamaba Ana. Sé que tienes dos hijos que no llaman nunca. Sé que cada noche miras sus fotos y te sientes solo.

El viejo quería salir, pero sus piernas no podían caminar. —¿Qué es este lugar?

—Una tienda que viene cuando alguien necesita algo mucho. Y tú necesitas tiempo, ¿verdad?

—Sí —dijo el viejo—. Quiero más años. Quiero ver a los hijos de mis hijos. Quiero no estar solo.

El hombre dio una pequeña sonrisa. Pero esa sonrisa no llegaba a sus ojos.

—Puedo darte tiempo —dijo—. Diez años más de vida. Pero todo tiene un precio.

—No tengo mucho dinero —dijo el viejo.

El hombre se rió. —No quiero dinero. El tiempo no se compra con dinero. Se compra con tiempo.

El viejo no entendió. —¿Qué quiere decir?

—Para que tú vivas diez años más, alguien tiene que vivir diez años menos. La vida viene de algún lugar.

—Eso es malo —dijo el viejo.

—¿Lo es? El hombre tomó una cosa amarilla de la mesa. —Tu amigo viejo. Tiene muchos años y está muy enfermo. Cada día es dolor para él. Si tomas cinco años de su vida, él va a morir en paz. Y tú vas a tener más tiempo.

El viejo pensó en su amigo. Era verdad que estaba muy enfermo. Siempre decía que quería morir.

—¿Y los otros cinco años? —preguntó.

—Hay una mujer en el hospital. Tiene muchos años. No recuerda nada. No conoce a nadie. Sus hijos nunca van a verla. ¿Es eso vida?

El viejo sentía que algo estaba muy mal. Pero también pensaba en los hijos de sus hijos. En ver sus caras una vez más.

—¿Cómo sé que esto es real? —preguntó.

El hombre le dio la cosa amarilla. —Mira.

El viejo la miró. En ella vio cosas: los hijos de sus hijos jugando, su hijo llamando por teléfono, amor en una mesa de cena. Vio diez años de momentos buenos.

Sus ojos se llenaron de agua.

—Solo tienes que decir sí —dijo el hombre.

El viejo abrió la boca. La palabra «sí» estaba allí. Pero entonces pensó en algo. —¿Y si alguien toma años de mi vida? ¿Para tener más tiempo ellos?

El hombre no respondió.

—¿Cuántas personas han venido aquí antes que yo? ¿Cuántas veces has tomado años de gente que no sabía?

Silencio.

El viejo dejó la cosa en la mesa. —No. No voy a tomar la vida de nadie. No puedo hacer eso.

El hombre lo miró con sus ojos negros. —¿Estás seguro? No vas a tener otra oportunidad.

—Estoy seguro. El tiempo que tengo es mío. Y cuando termine, va a terminar.

Caminó hacia la puerta. —Mañana voy a llamar a mis hijos. Y voy a vivir cada día que me queda como si fuera el último.

Salió a la lluvia. Cuando miró hacia donde estaba la tienda, ya no estaba. Solo había una pared vieja entre los dos edificios.

El viejo caminó a su casa. La lluvia caía sobre él, pero se sentía libre. Más vivo que antes.

Por primera vez en mucho tiempo, no tenía miedo de morir.

Porque había elegido vivir.

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