El Turista Perdido

El señor Johnson tiene un problema grande. Tiene un mapa. El mapa es muy pequeño. Y el señor Johnson no sabe leer mapas. Nunca ha sabido leer mapas. Su esposa siempre dice: —Johnson, tú no puedes encontrar la puerta de tu propia casa.

Pero hoy va a ser fácil. Muy fácil. Hoy solo quiere ir al museo. El museo está cerca del hotel. Muy cerca. Eso dice la mujer del hotel.

—Buenos días —dice a la mujer del hotel—. Quiero ir al museo. ¿Dónde está?

La mujer está muy feliz. —Es muy fácil, señor. Sale del hotel, camina a la izquierda, y está allí. Treinta pasos.

—Izquierda. Treinta pasos. Muy bien —dice el señor Johnson.

Sale del hotel. Mira a la izquierda. Mira a la derecha. No recuerda. ¿Izquierda? ¿O derecha? Las dos direcciones parecen iguales.

Su corazón dice derecha. Camina a la derecha.

Camina diez minutos. Ve una iglesia grande. No es el museo. Pregunta a un hombre viejo que está sentado en un banco.

—Perdón, señor. ¿Dónde está el museo?

El hombre habla muy rápido. —Sigue recto, después a la izquierda en la calle con el restaurante rojo, luego a la derecha donde está la farmacia, y después…

El señor Johnson no entiende nada. Pero dice: —Gracias, señor. Y piensa: «Restaurante rojo. Farmacia. Puedo hacer esto».

Camina. Sigue recto. Ve un restaurante. Pero no es rojo. Es verde. ¿Es el restaurante bueno? No sabe. Camina a la izquierda.

Ahora está en una plaza grande. Hay muchas personas. Hay tiendas. Hay cafés. Pero no hay museo.

«¡El museo no existe!», piensa el señor Johnson. «¡La mujer del hotel me ha dicho cosas que no son verdad!»

Una hora después, está cansado. Sus pies tienen dolor. Ve a una mujer vieja con un perro pequeño.

—Perdón, señora. Estoy muy perdido. ¿Puede ayudarme? Busco el museo.

La mujer mira su mapa. Lo mira mucho tiempo. Demasiado tiempo.

—El museo —dice ella—. Está lejos. Tiene que caminar mucho. Primero, va al norte. Después, camina al este cerca del parque grande…

—¿Norte? ¿Este? El señor Johnson no sabe dónde está el norte. No sabe dónde está el este. Solo sabe que el sol está en el cielo, pero eso no le ayuda nada.

—Gracias —dice, y camina hacia donde cree que está el norte. Pero no es el norte. Es el sur.

Pasan dos horas. El señor Johnson ve muchas cosas: un mercado con frutas, una plaza con agua, niños jugando en un parque, un gato gordo dormido en una ventana, una abuela con tres perros, un hombre que canta muy mal. Ve toda la ciudad. Pero no ve el museo.

Ahora tiene mucha hambre. Entra en un pequeño restaurante y come una ensalada y pan. El camarero es muy simpático.

—Señor, parece cansado. ¿Busca algo?

—Sí, busco el museo. Hace cuatro horas que lo busco. ¿Está cerca?

El camarero piensa. —El museo… Creo que está al lado del hotel grande. El Hotel Sol.

—¿El Hotel Sol? —El señor Johnson deja caer su pan—. ¡Ese es mi hotel!

Sale del restaurante. Está enfadado. Está cansado. Ha caminado cuatro horas. Cuatro horas para nada. Sus pies gritan de dolor.

Camina y camina. Después de treinta minutos más, ve algo. Es… ¿es posible? ¡Es el Hotel Sol!

Entra en el hotel. La misma mujer está allí. Ella sonríe.

—¡Señor Johnson! Buenas tardes. ¿Qué tal el museo?

El señor Johnson la mira. Mira la hora. Son las cuatro de la tarde.

—He caminado cuatro horas —dice—. He preguntado a seis personas. He visto toda la ciudad. He comido una ensalada. Y ahora estoy aquí. En el hotel. Donde empecé esta mañana.

La mujer no entiende. —Pero señor… el museo está al lado del hotel. A la izquierda. A treinta pasos. Yo le dije…

El señor Johnson mira por la ventana. Y allí está. El Museo Nacional. Grande. Bonito. Con una bandera roja y azul. A treinta pasos del hotel. Exactamente treinta pasos.

—Usted dijo izquierda… —empieza a decir.

—Sí, señor. Izquierda. Solo izquierda. Treinta pasos. ¿No fue a la izquierda?

El señor Johnson no responde. Se sienta en el sofá del hotel. Ya no quiere ir al museo. Ya no quiere caminar. Ya no quiere ver mapas nunca más en su vida.

—Señor —dice la mujer—, mañana puede ir al museo. Está muy cerca.

—Lo sé —dice el señor Johnson—. Ahora lo sé muy bien.

La mujer le da la tarjeta de su habitación.

—Bienvenido a Madrid, señor Johnson. Espero que mañana… vaya a la izquierda.

El señor Johnson sube a su habitación. Cierra la puerta. Se acuesta en la cama. Mira el mapa pequeño en sus manos.

Lo rompe en veinte partes.

Mañana va a comprar un teléfono con GPS. O mejor, va a quedarse en la cama. El museo puede esperar. Ha esperado cien años. Puede esperar un día más.

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