Wanderer
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Carmen no sabe que hoy va a caer cuarenta y tres veces. Todavía no lo sabe. Pero lo va a aprender.
Llega al centro de deportes a las nueve de la mañana. Busca la habitación doce para su primera clase de ejercicio. Está nerviosa pero también feliz.
El edificio es muy grande. Hay muchas puertas. Carmen camina y cuenta.
—Habitación diez… habitación once… habitación doce —dice—. Aquí está.
Abre la puerta y entra. La habitación está llena de mujeres muy delgadas. Todas llevan ropa negra. Carmen lleva pantalones grises y una camiseta vieja de su esposo.
—Hola —dice Carmen—. Soy nueva.
Nadie responde. Las mujeres la miran con ojos serios. Una mujer alta con pelo negro dice algo. Carmen no entiende. Parece otro idioma.
La puerta se cierra detrás de ella. Carmen escucha un ruido. La puerta está cerrada. Con llave.
—¿Perdón? —dice Carmen—. ¿Por qué la puerta…?
Pero la música empieza. Es música fuerte y seria. La mujer alta dice: —¡Primera posición!
Todas las mujeres ponen los pies de una manera rara. Carmen trata de hacer lo mismo. Sus pies no quieren. Ella cae.
Se levanta muy rápido. Mira a las otras mujeres. Ellas ahora están en el aire. Están saltando.
Carmen salta. Carmen cae.
Se levanta otra vez. Ahora las mujeres dan vueltas muy rápido. Carmen da una vuelta. Carmen cae. Su cara encuentra el piso.
—¿Qué clase es esta? —pregunta Carmen desde el piso.
—¡Baile para artistas! —dice la mujer alta—. ¡Segunda posición!
Carmen piensa en correr hacia la puerta. Pero la puerta está cerrada. No puede salir.
Las mujeres levantan una pierna muy alta. Muy, muy alta. Carmen levanta su pierna. No es alta. Pero ella cae de todos modos.
El piso es su nuevo amigo. Carmen pasa mucho tiempo con el piso.
Una mujer joven da tres vueltas seguidas. Es perfecto. Carmen trata de dar una vuelta. Da media vuelta y cae sobre una planta. La planta muere.
—Lo siento —dice Carmen a la planta muerta.
La música cambia. Ahora es más rápida. Las mujeres corren por la habitación como pájaros. Carmen corre también. Parece un pato enfermo.
Ella cae.
—¡Arriba! —dice la profesora—. ¡El arte no espera!
Carmen se levanta. Las mujeres saltan sobre unas sillas pequeñas. Carmen salta. No llega a la silla. Carmen está en el piso otra vez.
Pasan treinta minutos. Carmen ha caído muchas veces. Ha contado cada vez. Veintisiete hasta ahora.
—¡Ahora, la parte difícil! —dice la profesora.
—¿La parte difícil? —Carmen no puede creer lo que escucha—. ¿Esto no era la parte difícil?
Las mujeres hacen cosas imposibles con sus cuerpos. Carmen también hace cosas. Pero sus cosas van hacia abajo. Siempre hacia abajo.
Cae sobre una mujer rubia. La mujer rubia no está feliz.
—Perdón —dice Carmen—. Perdón, perdón, perdón.
La música se pone más fuerte. Las mujeres forman una línea. Todas hacen el mismo movimiento al mismo tiempo. Es muy bonito.
Carmen también está en la línea. Cuando las otras suben, ella baja. Cuando las otras van a la derecha, ella va a la izquierda. Cuando las otras saltan, ella cae.
Es casi arte. De una manera muy triste.
Los últimos diez minutos son los peores. Las mujeres hacen saltos imposibles. Carmen hace caídas imposibles. Cae de maneras nuevas. Cae hacia adelante, hacia atrás, hacia los lados.
Descubre partes de su cuerpo que no conocía. Todas pueden tocar el piso.
Por fin, la música termina. Carmen está en el piso. No quiere levantarse. El piso es su casa ahora. El piso la entiende.
La profesora camina hacia ella. Carmen espera palabras malas. Espera problemas. Espera una carta que dice «nunca vuelvas».
Pero la profesora tiene una sonrisa grande. Muy grande.
—Tú —dice la profesora, mirando a Carmen—. Eso fue… increíble.
Carmen levanta la cabeza del piso. —¿Perdón?
—Muy moderno. Muy artístico —dice la profesora—. La manera en que usaste el piso como tu amigo. La manera en que luchaste contra todo… y perdiste cada vez. Genial.
Las otras mujeres aplauden. Carmen no entiende qué pasa.
—¿Puedes volver mañana? —pregunta la profesora—. Necesitamos más artistas como tú.
Carmen se levanta despacio. Le duele todo el cuerpo. Todo.
—Creo —dice Carmen— que primero necesito encontrar la clase de caminar.
Sale del edificio despacio, con dolor. Pero también sonríe.
Cuarenta y tres caídas. Cero momentos de gracia. Y ahora es una artista.
El arte es muy fácil. Solo hay que caer… con estilo.
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