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—Tu cara tiene forma de cara.
Esto es lo que Pedro dijo a Carlos ayer. Y ahora Carlos no le habla.
Pedro quiere ser un buen amigo. Pero hay un problema grande: cada vez que dice algo bonito, todo va muy mal.
Todo empezó hace una semana. Pedro vio a Carlos en el trabajo. Carlos estaba en su silla, mirando su ordenador.
—Hola, Carlos —dijo Pedro con una gran sonrisa—. Hoy te veo… menos cansado.
Carlos levantó la cabeza. Muy lento.
—Menos cansado —repitió Carlos—. Entonces… normalmente parezco muy cansado.
—No, no —dijo Pedro muy rápido—. Quiero decir… hoy estás bien. Ayer estabas… no tan bien.
—Gracias, Pedro —dijo Carlos. Pero su voz no sonaba feliz. Sonaba como alguien que quiere gritar pero no puede.
Pedro se fue. «Esto no fue bien», pensó. Pero mañana voy a hacerlo mejor.
El día siguiente, Pedro encontró a Carlos en la cocina.
—Carlos, amigo —dijo Pedro con mucha energía—. Tu ropa parece nueva hoy.
Carlos miró su camisa.
—No es nueva. Tiene tres años.
—Sí, pero parece nueva —dijo Pedro, muy feliz con su idea—. Porque no tiene agujeros.
Carlos dejó su café en la mesa. Muy lento. Como si el café pesara cien kilos.
—Mi ropa… no tiene agujeros —dijo Carlos—. Esta es tu idea de algo bonito.
—Es verdad —dijo Pedro—. Mucha ropa tiene agujeros. Pero la tuya no. Es muy bueno.
Carlos salió de la cocina sin decir nada. La puerta hizo un sonido muy fuerte.
Pedro no entendió. «Fue un cumplido muy bueno», pensó.
Tres días después, Pedro quiso hacer un último intento. Ahora sabía qué decir. Esta vez iba a ser perfecto.
Encontró a Carlos en la oficina. Carlos caminaba rápido, mirando al suelo.
—Carlos —dijo Pedro—. Espera. Tengo que decirte algo importante.
Carlos paró. Su cara no mostraba nada. Era como una pared blanca.
—Tu cara —empezó Pedro— es muy… con forma de cara.
No hubo sonido. No hubo movimiento. El tiempo paró.
—Mi cara tiene forma de cara —dijo Carlos. Cada palabra salió muy lenta.
—Sí —dijo Pedro, muy feliz porque Carlos entendía—. Algunas caras son muy diferentes. Pero tu cara es perfecta. Tiene dos ojos, una nariz, una boca. Todo está donde debe estar.
Carlos cerró los ojos. Contó hasta diez.
—Pedro —dijo Carlos—. Voy a explicar algo. Cuando quieres decir algo bonito a una persona, no dices que su cara tiene forma de cara. No dices que su ropa no tiene agujeros. Y no dices que parece menos cansado.
—Pero todo es verdad —dijo Pedro.
—La verdad no siempre es un cumplido —dijo Carlos.
Y Carlos se fue.
Dos semanas. Carlos no habló con Pedro durante dos semanas. Ni una palabra. Ni un «hola». Ni una mirada.
Pedro hizo de todo. Envió mensajes. Dejó café en la mesa de Carlos. Puso una nota que decía: «Perdón. Tu pelo también está donde debe estar».
Carlos no respondió.
Un día, Pedro estaba solo en la cocina. Estaba muy triste.
Entonces entró María.
—Hola, Pedro —dijo María—. Hoy pareces muy triste.
—Carlos no me habla —dijo Pedro—. Le dije cosas bonitas y ahora está enfadado.
María se sentó a su lado.
—Qué le dijiste.
Pedro explicó todo. María escuchó. Cuando Pedro terminó, María empezó a reír. Mucho.
—Pedro —dijo María—, no sabes dar cumplidos.
—Creo que no —dijo Pedro.
—Un buen cumplido es fácil —dijo María—. Dices algo como: Tu trabajo es muy bueno. O: Me gusta hablar contigo. O: Eres un amigo importante para mí.
Pedro pensó en esto. Era tan fácil. Por qué no pensó en esto antes.
—Eso es todo.
—Eso es todo.
Pedro buscó a Carlos. Lo encontró en la oficina.
—Carlos —dijo Pedro—. ¿Puedo hablar contigo un momento?
Carlos no dijo nada. Pero tampoco se fue.
—Soy tu amigo porque me gusta hablar contigo —dijo Pedro—. Tu trabajo es bueno. Y me importa tu opinión. Esto es todo lo que quería decir antes. Pero lo dije muy, muy mal.
Carlos miró a Pedro por un largo momento.
—También me gusta hablar contigo —dijo Carlos—. Pero no cuando dices que mi cara tiene forma de cara.
—No lo voy a decir más.
—Bien. —Una pequeña sonrisa apareció en la cara de Carlos.
—¿Entonces somos amigos otra vez?
—Sí —dijo Carlos—. Pero tengo una pregunta.
—Qué.
—Mi cara realmente tiene forma de cara, ¿verdad?
Pedro sonrió. Carlos sonrió. Y los dos supieron que todo estaba bien otra vez.
Y la cara de Carlos, hay que decirlo, tiene una forma muy buena de cara. Con los ojos y la nariz exactamente donde deben estar.
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