Mi Padre Tiene Dos Caras

Esa noche, cuando vi mi propia cara mirándome desde la ventana de otra casa, supe que mi vida era una mentira.

Pero voy a empezar desde el principio.

Mi padre trabaja de noche. Eso es lo que mi madre siempre dice. Cada día, cuando el sol baja, él se pone su chaqueta negra y sale por la puerta. —Hasta mañana —dice. Y después, nada más.

Yo tengo catorce años. Ya no soy una niña pequeña. Veo que mi madre está triste cuando él no está. Veo que ella se sienta junto a la ventana y mira durante horas. Y veo algo más: mi padre nunca habla de su trabajo.

Una noche, yo no puedo dormir. Me levanto y escucho la puerta. Mi padre sale. Pero esta vez, yo también salgo.

La calle está sin luz y fría. Mi padre camina rápido. Yo camino detrás, muy lejos para que no me vea. Él no mira hacia atrás porque cree que está solo.

Después de veinte minutos, llegamos a otra parte de la ciudad. Las casas aquí son más grandes y los jardines tienen flores bonitas.

Mi padre se para frente a una casa blanca. Toma una llave de su pantalón. Abre la puerta y entra.

Yo espero en la calle. Mi corazón va muy fuerte. ¿Qué hace mi padre en esta casa?

Me acerco a una ventana. Hay luz dentro. Puedo ver el salón. Y lo que veo me cambia la vida para siempre.

Mi padre está en un sofá. Pero no está solo. Hay una mujer a su lado. Ella es rubia, alta y bonita. Mi padre le toma la mano y le dice algo. Ella ríe.

Pero eso no es lo peor.

Hay una niña en la habitación. Tiene mi edad. Tiene mi pelo negro. Tiene mis ojos. Tiene mi cara.

Es como mirar en un espejo.

La niña se sienta con mi padre. Él le da un beso en la cabeza. —Mi hija —lo escucho decir—. Mi pequeña.

Yo soy su hija. Yo soy su pequeña. Pero esta niña también lo es.

Mi padre tiene dos familias. Mi padre tiene dos hijas. Y las dos somos iguales.

No sé cuánto tiempo estoy allí mirando. El frío entra en mi cuerpo porque no llevo mi abrigo. Mis piernas no pueden moverse.

Entonces la niña mira hacia la ventana. Nuestros ojos se encuentran. Ella me ve y yo la veo a ella.

Por un momento, nadie se mueve. Somos dos niñas con la misma cara, separadas por una ventana.

Después, ella grita.

Corro. Corro más rápido que nunca en mi vida. Escucho la puerta de la casa abrir. Escucho la voz de mi padre: —¡Espera!

Pero no espero. Las calles pasan como sueños mientras corro. El frío entra en mis ojos, pero no me paro.

Cuando llego a mi casa, entro sin hacer ruido. Mi madre duerme. No sabe nada.

Me pongo en mi cama y cierro los ojos. Pero no me duermo. Solo veo esa cara. Mi cara. En otra niña.

La mañana llega. Mi padre está en la cocina, tomando café. Él me mira cuando bajo las escaleras.

—Buenos días —dice. Como si nada pasó.

Yo lo miro. ¿Cuántas veces me ha dicho cosas que no son verdad? ¿Cuántas noches ha estado con esa otra familia mientras nosotras dormíamos?

—Buenos días —respondo. Mi voz es normal, pero por dentro todo ha cambiado.

Mi madre entra en la cocina. —¿Dormiste bien? —me pregunta.

—Sí —digo—. Dormí muy bien.

Mi padre sonríe porque cree que nadie sabe. Él no sabe que yo lo sé todo.

Esa tarde, busco en las cosas de mi padre. En su oficina, detrás de unos libros viejos, encuentro una foto. Hay dos bebés. Las dos tienen pelo negro y la misma cara.

En la parte de atrás, hay una fecha y dos nombres: Elena y Lucía. Hoy menos catorce años.

Elena es mi nombre. Lucía debe ser el nombre de la otra.

Somos hermanas. No solo hermanas. Somos iguales. Del mismo día. Del mismo padre. Separadas cuando nacimos.

Por la noche, mi padre se pone su chaqueta negra otra vez.

—Hasta mañana —dice.

—Hasta mañana —respondo.

Pero esta vez, yo tengo un plan. No voy a seguir a mi padre. Voy a hacer algo diferente.

Voy a encontrar a mi hermana. Voy a tocar la puerta de esa casa blanca. Y cuando Lucía abra, va a ver su propia cara mirándola.

Entonces mi padre va a tener que explicar todo. Sus dos vidas. Sus dos familias. Sus dos hijas que nunca sabían de la otra.

Él cree que puede tener dos vidas. Él cree que puede ser dos personas.

Pero ya es muy tarde para mentiras.

Porque esta noche, sus dos hijas van a conocerse.

Y mañana, mi padre va a ver sus dos caras en el espejo.

The Library

Choose a category

Learn Spanish

Reader

Reader

The Membership

Nómada Digital

Everything — plus the games and the AI companion.

$19.00per month
  • Sample stories + live demos
  • All vocabulary + grammar flashcards
  • All A1–B2 books
  • Conversation flashcards (soon)
  • Learning games
  • AI companion chat